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“Está el leer… y el leer”

“Desarrollar el gusto por la lectura” es una frase que despierta tanto ilusión como temor entre docentes y estudiantes por igual. Por un lado, alude al desafío de llegar a persuadir a la comunidad educativa de que tome parte en leer por gusto, pero es también un panorama complejo, por cuanto tenemos la sensación de que los muchachos no leen lo suficiente, lo que nos revela dos realidades: sabemos lo importante que es que nuestros estudiantes consigan gestar un hábito (deseablemente un “gusto”) por la lectura, como también que estamos al tanto de la necesidad de que ello ocurra, debido a que podemos evidenciar a diario que los jóvenes muchas veces no llenan nuestras expectativas como lectores; esto queda manifiesto a través del vocabulario que manejado, lo dificultoso que les resulta comunicarse efectivamente cuando los movemos de un registro de habla al otro, o la capacidad de redactar respuestas a interrogantes orales y escritas, por nombrar algunas realidades. El problema se agudiza cuando caemos en la cuenta de que el uso de recursos tecnológicos los distrae y aleja de este objetivo. Pero hay un detalle: los estudiantes “leen” a diario, el problema es la variedad y calidad de lecturas a las que se exponen. Ya sea por sus gustos o por la inmediatez que ofrecen las distintas plataformas de comunicación, ellos buscan activamente leer lo que sus pares escriben, ya sea publicaciones, pensamientos, descargos, incluso canciones, todas publicadas en redes sociales. Sí, ellos “leen”, pero sobre la realidad contemporánea de sus similares.

Es momento de que se abran además a la otra lectura, aquella que, a lo largo de miles de años de civilización humana, sigue figurando como el medio más eficaz para la adquisición de conocimientos, para conocer otras realidades, para nutrirnos de los pensamientos de quienes vivieron antes que nosotros, que habitaron tierras lejanas, que tuvieron ideas que le dan vida al mundo que nos rodea, o que pensaron sobre teorías tan imposibles que por el momento no pueden cumplirse, algunas que hasta el día de hoy nos permiten soñar e imaginarnos mundos que, de no ser por la lectura, se encontrarían fuera de nuestro alcance. Leer implica recepcionar información, comprenderla y si somos constantes con este ejercicio, nos permite transformar el conocimiento en algo nuevo pues así todo aquello que gustas actualmente de leer tendrá mayor sentido al saber de qué recóndito génesis provienen.

¡Entrégate a las ideas, a conocer lo que otros piensan, lo que pensaron y las ideas del futuro! La invitación es a permitirnos conocer otras realidades para ser personas más empáticas y tolerantes que ayer. Reunámonos, entonces, en el espacio único de la lectura.


Rubén González

Profesor de Lenguaje y Comunicación



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